THE BUSINESS OF HAPPINESS...

El trabajo y la felicidad NO van de la mano.


Nos han enseñado que la oficina es un lugar donde únicamente se va a trabajar. Un espacio donde, en un horario fijo cinco días a la semana, se realizan diferentes actividades cuyo objetivo final es reducir costos o aumentar ganancias. Nos enseñaron que en la vida ejecutiva no cabe la felicidad porque para eso está el fin de semana. 

Día tras día evidenciamos cómo los modelos de gestión que aprendimos en las escuelas de negocios –y que nos ha tocado vivir como una nociva herencia de tiempos pasados– no sólo están obsoletos sino que son dañinos, tanto para los individuos que viven esclavos de ese tipo de Culturas como para el entorno que los acompaña: sus familiares, sus amigos, sus vecinos…

La incorporación de nuevas generaciones, la difícil convivencia de los que saben todo lo que aconteció en el pasado con los que creen saber todo lo que acontecerá en el futuro, convierte los ambientes empresariales en una olla a presión donde la ley del miedo (“si no me haces caso te irá mal”) carece de efectividad. La mayoría de empresas, sin embargo, parecen no darse cuenta. 

Y eso, más pronto que tarde, va a tener que cambiar porque el mundo ha cambiado. Las generaciones de antes soñaban con mantenerse toda su vida profesional en una misma empresa, pero hoy no existe un solo joven que comparta ese sueño. Renunciar a la felicidad era el precio que había que pagar para mantener un estilo de vida impuesto, pero hoy esas reglas ya no aplican.

El trabajo y la felicidad no van de la mano: el trabajo y la felicidad son lo mismo. Las empresas están lideradas y manejadas por personas y está en nuestra naturaleza ser felices. En los tiempos que vivimos, la facilidad de acceso a todo tipo de información hace que renunciar a ese derecho divino haya pasado de ser la norma a ser la excepción.

No hay que escoger entre ser feliz o dedicarse a trabajar, ambas cosas pueden y tienen que ocupar el mismo espacio, al mismo tiempo. En la medida en que más empresarios y ejecutivos lo entiendan, antes lograrán darle un rumbo sostenible a sus negocios y a sus utilidades, porque la gente feliz es más productiva. Ésa es la verdadera clave del ganar-ganar empresarial.

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